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Posts Tagged ‘Selección sexual’

El sexo es una característica que presentan muchas especies y cuya gran ventaja evolutiva es el incremento de variabilidad, a costa de una disminución de la fecundidad. Normalmente distinguimos el sexo masculino del femenino, diferenciados principalmente por el tipo de gametos que generan: los espermatozoides son muchos y escasos en nutrientes; mientras que los óvulos pocos y ricos en nutrientes. Y precisamente como consecuencia de esta divergencia se originan intereses contrapuestos en el proceso reproductivo, donde las hembras ponen en juego mucha más energía (y, en definitiva, arriesgan más supervivencia) que los machos. Por esto, lo más común es que los machos sean menos selectivos e intenten aparearse el mayor número de veces; en contraste con las hembras. Sin embargo, esto genera, a su vez, un problema añadido entre los machos: si cada macho copula con más de una hembra y, como es habitual, existen el mismo número de individuos de distinto sexo, cada hembra se apareará con más de un macho, hecho que favorece estrategias que aseguren la paternidad como pueden ser la guarda de pareja o el ofrecimiento de regalos nupciales que compensan en mayor o menor medida el esfuerzo de la hembra.

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Fig. 1: En el ser humano los obsequios nupciales son muy comunes. Existen muchos casos de organismos que usan también esta estrategia, mejorando su eficacia biológica. | Autor: Chrys Omori

Las consecuencias de este razonamiento evolutivo originado principalmente por selección natural puede ser ejemplificado por el ortóptero Requena verticalis. Los machos traspasan a las hembras una especie de paquete llamado espermatóforo que está compuesto por una ampolla con esperma y a su vez por un espermatofilax con nutrientes que abre con la genitalia externa para alimentarse durante la transferencia de esperma, aumentando directamente la fecundidad de la hembra (también protege el eyaculado). Pero esto crea un conflicto adicional: la hembra intentará volver a aparearse porque la inversión que realiza es netamente menor, mientras que el macho lo evitará porque reduce su tasa de aparamiento (tarda varios días en formar el espermatóforo), debiendo asegurar la paternidad de la descendencia para que esta estrategia le sea rentable.

hembra comiendo espermatofilax

Fig. 2: Hembra de grillo mormón (Anabrus simplex) alimentándose del espermatofilax aportado por el macho. | Fuente: utoronto

Por este motivo, siguiendo al apareamiento, la hembra entra en un periodo no-receptivo que está directamente relacionado con la cantidad de eyaculado transferido. Sin embargo, la duración del periodo depende de su estado nutricional, sugiriendo un conflicto substancial sobre la tasa de reaperamiento. En el artículo de referencia [1] se muestra que la recepción del eyaculado es costosa para las hembras en el sentido de que reduce su longevidad, y que los nutrientes del espermatóforo no compensan esta desventaja.

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Fig. 3: Longevidad frente a supervivencia. Las hembras que copulan tres veces (línea azul) sobreviven menos que las que copulan una sola (línea verde). El consumo del espermatofilax no afecta a la longevidad (línea roja). | Fuente: Wedell et al. [1]

Las conclusiones que se alcanzan en el estudio sugieren que el conflicto de intereses sobre la tasa de apareamiento puede persistir y que los apareamientos pueden continuar siendo dañinos para las hembras aunque estos den alimentos a las hembras. Después de todo los regalos no son lo más importante en una pareja.


[1] Wedell N, Tregenza T, Simmons LW (2008) “Nuptial gifts fail to resolve a sexual conflict in an insect”. BMC Evolutionary Biology 8:204 | Enlace (Descarga gratuíta)

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Ni que decir tiene que en las islas la evolución tiene efectos muy curiosos, principalmente, por lo difícil de llegar y el aislamiento reproductivo.

Un ejemplo muy curioso de este hecho lo encontramos en un insecto ortóptero (pariente cercano de los grillos y saltamontes que todos conocemos), el grillo weta de Nueva Zelanda. La ausencia de grandes organismos con hábitos subterráneos (como son los mamíferos), ha favorecido la evolución de este bicho hasta ocupar el citado nicho ecológico. Estamos frente a un caso de convergencia adaptativa, es decir, ante similares condiciones de vida, son beneficiadas similares adaptaciones. De este modo, podríamos explicar la incapacidad de volar y el gran tamaño que presenta Deinacrida rugosa; de hecho, es el ortóptero de mayor envergadura que existe (pesa unos 20 gramos).

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Fig. 1: Grillo weta (Deinacrida rugosa), hembra a la izquierda y macho con trasmisor a la derecha | Fuente: American Naturalist © (1)

Sin embargo, cuando tenemos ejemplares de distintos sexos, observamos que las hembras son aproximadamente el doble de grandes que los machos.  Este dimorfismo sexual nos hace pensar que existe selección sexual, donde se pueden dar  principalmente tres casos (1):  que las hembras de mayor tamaño tengan más o mejor descendencia, que los machos pequeños puedan exhibirse mejor o puedan desplazarse hacia más hembras, o bien que ocurran ambas cosas.

En este artículo se ha hecho un estudio en la isla Maud (Nueva Zelanda), donde Deinacrida rugosa no tiene depredadores como pueden ser los rodedores. Además, los machos de esta especie suelen copular varias veces en refugios durante el día y buscar nuevas parejas por la noche. Se ha investigado la movilidad de los machos para verificar si existe seleccioón sexual según este parámetro. Para ello, se capturaron machos, se midió sus cuerpo y patas, además de colocarles un radiotransmisor como se observa en la figura 1. Se observó que los machos recorrían una distancia de 90 metros (lo que equivaldría a unos 7000 metros en la especie humana). Después se determinaba la cantidad de esperma que transferían a las hembras contando los paquetes de esperma (espermatóforos) vacíos.

Así, se vio que los machos adultos con patas largas y cuerpos pequeños viajaron más lejos y tuvieron más éxito de inseminación, es decir, transmitieron sus genes con más frecuencia (tuvieron más eficacia biológica). Este mecanismo es un ejemplo poco observado de la ventaja que resulta de ser más pequeño que la hembra. Todos alguna vez hemos recorrido kilómetros para ver a nuestra pareja, después de todo no somos tan distintos.


(1) Kelly CD, Bussière LF, Gwynne DT (2008) “Sexual Selection for Male Mobility in a Giant Insect with Female-Biased Size Dimorphism”. The American Naturalist 172: 417–423 | Enlace

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